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El atlántico podría revertir su expansión: ¿un nuevo ciclo geológico en marcha?

Bajo el estrecho de Gibraltar, una lenta pero poderosa transformación geológica podría alterar la configuración de los océanos en millones de años. Un estudio revela que el cierre progresivo del Atlántico oriental, impulsado por el movimiento de las placas tectónicas, podría comenzar a acelerarse en unos 20 millones de años.

El choque tectónico bajo el estrecho de gibraltar

La interacción entre las placas africana y euroasiática, que conforman el estrecho de Gibraltar, no es un fenómeno superficial. Su lento deslizamiento, de apenas unos milímetros anuales, genera terremotos, fallas submarinas y deformaciones en la corteza terrestre. Este área, donde se encuentra el arco de Gibraltar, es un sistema tectónico en constante evolución.

El estudio, liderado por el geofísico João C. Duarte del Instituto Dom Luiz de la Universidad de Lisboa, utiliza modelos geodinámicos tridimensionales para simular millones de años de evolución tectónica. Los resultados sugieren que el arco de Gibraltar podría extenderse hacia el Atlántico, dando lugar a una nueva zona de subducción y, eventualmente, al cierre de la cuenca oceánica.

Este proceso se enmarca dentro del Ciclo de Wilson, un modelo que describe la vida de los océanos: apertura, expansión y, finalmente, cierre por la colisión continental. Aunque el Atlántico ha estado expandiéndose durante millones de años, esta investigación plantea la posibilidad de que se inicie la fase opuesta.

Las simulaciones indican que el proceso podría intensificarse en unos 20 millones de años, generando actividad sísmica y volcánica en la región. Podría incluso surgir un “anillo de fuego del Atlántico”, similar al que rodea el océano Pacífico, con riesgos sísmicos significativos. La historia de la región, con eventos como el terremoto de Lisboa en 1755, subraya la necesidad de comprender mejor estos sistemas tectónicos.

Los investigadores enfatizan que no se trata de una transformación inmediata. Pero el estudio de Duarte y su equipo proporciona una ventana al futuro geológico de nuestro planeta. Los modelos observan cómo estructuras tectónicas pueden propagarse a regiones donde antes no existían.

La Tierra podría quedar con un único continente, ocupando el 92% de la superficie terrestre, en 250 millones de años. La nueva realidad no solo rediseñaría los mapas, sino también las posibilidades de vida. El estudio de Duarte, por lo tanto, no es una mera curiosidad científica, sino una reflexión sobre la naturaleza cíclica del planeta y su futuro incierto.