El trigo 'modificado' reducirá drásticamente la acrilamida en pan y tostadas
La industria alimentaria enfrenta desde décadas un problema latente: el tono dorado y crujiente que buscamos en nuestras tostadas cada mañana es el resultado de una reacción química que genera acrilamida, un compuesto clasificado como probable cancerígeno. Ahora, científicos del instituto británico Rothamsted Research han logrado cultivar trigo utilizando la tecnología CRISPR que reduce drásticamente los niveles de acrilamida en pan y tostadas.

El trigo 'modificado' no altera el sabor o textura
La clave de esta innovación no está en agregar algo extraño a la planta, sino en silenciar un proceso natural peligroso para el ser humano. La acrilamida no está presente en la harina cruda, sino que se genera cuando un aminoácido llamado asparagina reacciona a las altas temperaturas. Lo que han hecho es localizar y apagar el gen exacto que ordena a la planta producir tanta asparagina, eliminando así ese ingrediente de la ecuación térmica.
Los ensayos realizados a la intemperie han arrojado que la planta modificada crece con el mismo vigor, soporta las mismas condiciones climáticas y da exactamente la misma cantidad de grano y harina que las variedades tradicionales. Para el agricultor, no supone perder dinero; para los fabricantes de pan de molde y bollería, significa poder cumplir por fin con las estrictas normativas europeas sobre límites de acrilamida sin tener que cambiar sus recetas.
Este avance demuestra que tocar el ADN de lo que comemos también sirve para cuidarnos mejor. Historicamente, la biotecnología aplicada al campo se ha centrado en proteger la cuenta de resultados del agricultor, creando semillas que resisten plagas, sequías o herbicidas. Ahora, la Ciencia ha demostrado que es posible diseñar alimentos pensando en quien se los va a comer, sin castigar a quien los cultiva.
