El catedrático que convirtió la discapacidad en oportunidad, y en negocio
No es fácil imaginar el vértigo que se siente al escuchar un diagnóstico de baja agudeza visual en un recién nacido. El miedo, esa fuerza primitiva, se dispara. Pero a veces, la adversidad desata una respuesta aún más poderosa: el propósito. Así lo entendió Antonio Sánchez Káiser, catedrático de Mecánica de Fluidos en la Politécnica de Cartagena, cuyo propósito se cristalizó en la necesidad de que su hija, Vega, pudiera disfrutar de la educación en igualdad de condiciones.
De la necesidad a la innovación: nace bemyvega
La respuesta a esa necesidad fue BemyVega, una startup nacida en 2020 que, lejos de ser un mero proyecto tecnológico, se convirtió en una extensión del amor y la determinación de un padre. Sánchez Káiser, con una trayectoria sólida en ingeniería, descubrió un mundo desconocido al emprender: la valentía, el esfuerzo y la resiliencia que exige la creación de una empresa. “He hecho muchas cosas a nivel de ingeniería, pero nada se compara con la alegría de escuchar a una madre decir que su hijo es feliz en clase”, afirma el catedrático.
La alternativa que se presentaba para Vega era sombría: una visión limitada, la necesidad de estar a escasos centímetros de la pizarra para descifrar las palabras de la profesora. BemyVega, sin embargo, le abrió las puertas a un universo de posibilidades, permitiéndole no solo asistir a clase, sino sobresalir en ella.

Más allá de la visión: accesibilidad universal
Pero BemyVega no se limita a la corrección visual. El proyecto, que ha requerido una inversión de entre cuatro y cinco millones de euros, abarca un espectro mucho más amplio de necesidades. Su tecnología, integrada tanto en hardware (cámaras inteligentes) como en software (compatible con ordenadores, tablets y móviles), se adapta a personas con problemas de visión y audición, disléxicos y daltónicos. “Estamos ampliando el ciclo para que diferentes colectivos puedan desarrollarse plenamente”, recalca Sánchez Káiser, evidenciando una visión que trasciende la mera rentabilidad.
La empresa, que comenzó con pruebas piloto en escuelas, universidades y organizaciones culturales, ha experimentado un crecimiento notable. Desde noviembre de 2025, tras su adquisición por Grupo Inforges, BemyVega ha facturado 600.000 euros entre enero y febrero, impulsada por una red comercial nacional y una creciente demanda. Además de la venta del combo hardware-software, la startup ofrece un programa que transforma contenidos digitales en formatos accesibles, dirigido principalmente a ayuntamientos, entidades culturales y centros formativos, en cumplimiento de la legislación vigente.

Un ejemplo concreto: la politécnica y la inclusión
Para ilustrar el impacto tangible de BemyVega, Sánchez Káiser cita el caso de un alumno de la Politécnica de Cartagena con problemas de visión y movilidad reducida. Gracias a la tecnología, este estudiante puede recibir imágenes y audios de la clase en su ordenador, con la posibilidad de seleccionar entre diferentes fuentes (pizarra, profesor, presentaciones, vídeos) y de realizar ajustes de zoom, contraste e iluminación. “Ser diferente es un estigma. La tecnología les permite no llamar la atención y capturar la misma información que el resto”, sentencia el catedrático, subrayando el poder de la innovación para promover la inclusión.
Un recuerdo especialmente emotivo para Sánchez Káiser es el de Vega en el patio del colegio, inicialmente aislada por su dificultad para identificar a sus compañeros. La solución, simple pero efectiva, fue solicitar a los demás padres que sus hijos llevaran un peto fosforito, permitiendo a Vega integrarse y disfrutar de la vida social como cualquier otra niña.
Con una base de más de 100 clientes, incluyendo instituciones como Anaya, Cajamar y universidades de prestigio, BemyVega está demostrando que la tecnología no solo puede superar barreras, sino también construir un futuro más justo y accesible para todos. La sociedad, paso a paso, está aprendiendo a no dejar a nadie atrás.