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Trump endurece el ultimátum a irán: ¿guerra en el estrecho de ormuz?

La tensión en el Golfo Pérsico ha alcanzado niveles alarmantes tras la declaración de Donald Trump, quien ha fijado un plazo límite para que Irán reabra el Estrecho de Ormuz, amenazando con una respuesta contundente que podría desencadenar un conflicto energético global.

La amenaza de trump: destrucción de la infraestructura iraní

En una rueda de prensa en la Casa Blanca, el presidente estadounidense no se anduvo con rodeos: “Todo el país puede ser derrotado en una sola noche, y esa noche podría ser mañana”. Un ultimátum directo, acompañado de imágenes apocalípticas: puentes y centrales eléctricas iraníes “destruidos, ardiendo, explotando y para siempre”. La magnitud de la amenaza ha generado una ola de preocupación internacional, especialmente ante el contexto ya de por sí volátil en la región.

Las palabras de Trump, lejos de atenuarse, se han intensificado, desestimando incluso las acusaciones de que tales acciones constituirían crímenes de guerra según los Convenios de Ginebra. Su respuesta, desafiante: “¿Saben qué es un crimen de guerra? Tener un arma nuclear, permitir que un país enfermo con un liderazgo desquiciado tenga un arma nuclear; eso sí es un crimen de guerra”. Una declaración que, más allá de la retórica, subraya la determinación estadounidense de presionar a Irán.

Teherán desafía el ultimátum y exige el fin de las sanciones

Teherán desafía el ultimátum y exige el fin de las sanciones

Pero Teherán no parece intimidado. Irán ha comunicado a Pakistán, país mediador en las negociaciones, que rechaza cualquier propuesta de alto el fuego que no incluya el fin definitivo de la guerra, el levantamiento de las sanciones internacionales y un plan de reconstrucción para el país. Una respuesta “maximalista”, según fuentes cercanas a las negociaciones, que dificulta aún más la búsqueda de una solución diplomática.

La negativa iraní se produce en un momento crítico, con los precios del petróleo disparándose tras las amenazas de Trump. El crudo Brent supera los 110 dólares el barril, mientras que el estadounidense ha rebasado los 113, reflejando el temor a una interrupción del flujo petrolero a través del Estrecho de Ormuz, una vía vital para el suministro energético mundial. La cifra habla por sí sola: aproximadamente el 20% del petróleo mundial transita por este estrecho.

Mientras tanto, la comunidad internacional se mueve entre la presión para evitar un conflicto abierto y la necesidad de garantizar la seguridad energética. Los aliados de Estados Unidos, incluyendo a Pakistán, Egipto y Turquía, están impulsando un posible alto el fuego de 45 días, aunque las posturas siguen distantes. Dos buques cataríes de GNL intentaron ayer, con éxito, la primera salida por el Estrecho de Ormuz desde el inicio de la guerra, un pequeño indicio de que la navegación, por ahora, continúa.

El riesgo es evidente: una escalada militar en el Golfo Pérsico no solo tendría consecuencias devastadoras para la región, sino que también sacudiría la Economía global. La pelota está ahora en el tejado de Trump y el régimen iraní, con el mundo observando con una mezcla de temor y esperanza.