Samsung al fin da luz verde a la medición de tensión en su galaxy watch (¡por fin!)
Después de seis años de espera, de promesas incumplidas y de una frustración palpable en la comunidad de usuarios, Samsung ha activado la función de monitorización de la presión arterial en sus Galaxy Watch para el mercado estadounidense. La noticia, largamente esperada, llega con un reguero de preguntas sobre por qué tardó tanto y, sobre todo, qué ha cambiado para desbloquear una herramienta que ya disfrutaban en decenas de otros países.

Un calvario para los usuarios de ee.uu.
El camino ha sido largo y tortuoso. La función se anunció en el Galaxy Watch Active 2 allá por 2020, pero su implementación se ha visto frenada por obstáculos regulatorios y una comunicación, en el mejor de los casos, deficiente por parte de Samsung. Los foros de la compañía se llenaron de quejas y mensajes de usuarios que adquirieron sus relojes con la esperanza de contar con esta funcionalidad, solo para descubrir que permanecía bloqueada. Una situación especialmente irónica teniendo en cuenta que, según la CDC, cerca de 120 millones de adultos en Estados Unidos sufren de hipertensión.
La solución, como en tantas otras ocasiones, requiere un accesorio externo: un brazalete de presión arterial convencional que se utiliza para calibrar el reloj cada 28 días. Una vez calibrado, el Galaxy Watch 4 y modelos posteriores pueden medir la presión sistólica y diastólica, así como la frecuencia cardíaca, utilizando sus sensores integrados. Aunque no sustituye a un diagnóstico médico profesional, sí proporciona datos valiosos entre revisiones, permitiendo un seguimiento más exhaustivo de la salud cardiovascular.
¿Y qué diferencia a Samsung de Apple? Mientras que Apple optó por una solución pasiva que detecta patrones en los vasos sanguíneos a lo largo de 30 días, Samsung ofrece lecturas reales de presión arterial. Esta última opción, a pesar de la necesidad de calibración periódica, resulta más útil para quienes buscan un control activo de su presión arterial.
Pero la demora en la aprobación ha generado un mal sabor de boca. A pesar de que Samsung ha lanzado el aviso, la necesidad de tener un teléfono Galaxy para que funcione la función, limita su alcance sin duda.
La espera ha terminado, pero la sombra de la opacidad persiste. La pregunta clave ahora es: ¿esta funcionalidad, finalmente disponible, compensa los años de silencio y frustración?