Cnmc golpea a ibai, wild y nachter: ¿el fin de la impunidad en redes?

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha impuesto fuertes sanciones a tres de los creadores de contenido más populares de España: Ibai Llanos, Jordi Wild y Nachter. Un varapalo que, más allá de las cantidades, evidencia una creciente escasa consideración por la legalidad en el ecosistema digital y plantea serias dudas sobre la responsabilidad de los influencers.

El auge de los uer y la letra pequeña de la ley

La CNMC ha calificado a estos creadores como Usuarios de Especial Relevancia (UER), una categoría que les obliga a cumplir con una normativa más estricta. En la práctica, esto significa que la CNMC les vigila con lupa, a diferencia de aquel canal de YouTube con diez suscriptores que publica vídeos de macetas. La ley, aparentemente olvidada por algunos, exige identificar claramente la publicidad y proteger a los menores. Y no, el simple hecho de tener millones de seguidores no te exime de responsabilidades.

El caso de Ibai Llanos, por ejemplo, se centra en la presentación de artistas de La Velada, donde una marca de bebida apareció integrada en el contenido sin una señalización clara. 710 euros, una cifra reducida a 568 euros por pago anticipado, pero que debería servir de llamada de atención. La ley es clara: el espectador debe saber, sin ambigüedades, cuándo está siendo expuesto a publicidad.

Jordi Wild, por su parte, se enfrenta a una sanción de 1.543,44 euros (rebajada a 1.241,95 euros) por la ausencia de clasificaciones adecuadas en los combates de su “Dogfight Wild Tournament”. La ironía es palpable: un evento que glorifica la violencia debía contar con advertencias que, sencillamente, no existían. Es como construir un puente sin respetar las normas de seguridad: una negligencia inaceptable.

Pero quizá el caso más sorprendente es el de Nachter, que ha sido sancionado con 1.779,94 euros (ahora 1.067,96 euros) por promocionar medicamentos, concretamente “antigripales”, en sus redes sociales sin cumplir con los requisitos básicos: la invitación a leer el prospecto o consultar a un farmacéutico. ¿En serio? ¿Un creador de contenido profesional, con una audiencia fiel, desconoce la normativa sobre publicidad de medicamentos?

Lo que nadie cuenta es la facilidad con la que estos creadores, y su equipo de editores, escapan a la aplicación de la ley. Es como si un arquitecto se inventara sus propias reglas de construcción: un caos que terminaría en derrumbe.

La sanción, al final, es una mera anécdota en sus cuentas bancarias. Pero el verdadero problema reside en la cultura de impunidad que parece imperar entre algunos influencers y magnates tecnológicos. La ley es para todos, y los millones de seguidores no otorgan un salvoconducto para ignorarla. El dinero, al parecer, es el mejor argumento para justificar cualquier trasgresión. Y eso, señores, es un problema de fondo.

La cnmc marca el territorio: ¿un cambio de paradigma?

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El golpe de la CNMC no es solo una multa, sino una declaración de intenciones. Señaliza que la era de la autoproclamada libertad creativa sin límites está llegando a su fin. Ahora la pregunta es: ¿será suficiente para que los creadores de contenido tomen conciencia de sus responsabilidades? O, peor aún, ¿tendremos que esperar a que la próxima sanción sea aún más contundente para que algunos aprendan la lección?

La cifra habla por sí sola: más de 4.500 euros en multas. Una suma relativamente modesta para estos creadores. Pero el coste de la reputación, ese sí, puede ser mucho mayor.