Brics en la cuerda floja: india, petróleo y la sombra de la guerra
La diplomacia internacional se tambalea. El silencio ensordecedor del bloque BRICS ante el conflicto entre Israel e Irán no solo expone sus fisuras internas, sino que coloca a India, su líder de facto, en una encrucijada diplomática de proporciones épicas. El grupo, concebido como una alternativa al orden mundial liderado por Occidente, podría verse irrelevante si no logra articular una respuesta ante la escalada de tensión en Oriente Medio.
La compleja ecuación de nueva delhi
Narendra Modi, primer ministro indio, se encuentra en una posición delicada. Por un lado, mantiene relaciones estrechas con Estados Unidos e Israel, visitando Tel Aviv apenas días antes del inicio del conflicto. Por otro, India depende en gran medida del petróleo y el gas que fluyen a través del Estrecho de Ormuz, un corredor prácticamente clausurado desde el inicio de la guerra, y es uno de los pocos países que ha negociado el tránsito seguro de sus buques cisterna. La cifra habla por sí sola: casi 10 millones de ciudadanos indios trabajan en los países del Golfo, lo que añade una capa de complejidad a la ecuación.
La presión sobre Modi, sin embargo, no cesa. El presidente iraní, Ebrahim Raisi, le ha instado directamente a que los BRICS “desempeñen un papel independiente para detener las agresiones” contra Irán. Pero el bloque está dividido. Los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, miembros actuales o potenciales, no verán con buenos ojos una condena a Israel y EE. UU., tras sufrir ataques recientes. China y Rusia, por su parte, podrían inclinarse a apoyar a Irán, profundizando aún más la fractura.

Un bloque en busca de identidad
La vacilación de los BRICS no es nueva. Recordemos su silencio ante la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, un episodio que ya anticipaba las dificultades para alcanzar un consenso en temas geopolíticos relevantes. El bloque, más que un actor político, se define como un foro para las naciones en desarrollo, un espacio para la cooperación económica, pero su incapacidad para posicionarse ante crisis globales amenaza su credibilidad.
Dos borradores de declaración que condenaban a Israel y a EE. UU. fueron rechazados internamente, víctimas de las tensiones existentes. La diplomacia de la India, un pilar fundamental en el equilibrio de poder regional, se ve ahora sometida a una prueba de fuego: ¿podrá Modi navegar por estas aguas turbulentas y evitar que los BRICS naufraguen en la indiferencia?
Lo que nadie cuenta es que la crisis económica que atraviesan muchos de los países emergentes que componen el bloque también influye en su parálisis. La capacidad de tomar decisiones audaces se ve mermada por las limitaciones financieras y las prioridades internas. La guerra en Oriente Medio, que amenaza con desestabilizar aún más los mercados energéticos globales, solo agrava la situación.
En definitiva, el dilema de India no es solo un problema diplomático, sino un reflejo de la fragilidad del orden internacional y la dificultad de construir consensos en un mundo cada vez más polarizado. La historia juzgará si los BRICS fueron capaces de trascender sus divisiones internas y asumir su papel como agentes de cambio, o si se convertirán en una mera sombra del poder.
