El alza de la memoria amenaza con inflar los precios de los smartphones
La industria móvil se enfrenta a un dilema: el precio de la memoria, vital para el funcionamiento de nuestros teléfonos, se ha disparado a niveles sin precedentes. Un informe reciente revela que los costes de DRAM, HBM y NAND han escalado hasta un 90% en el primer trimestre de 2026, poniendo en jaque la estrategia de los fabricantes y, potencialmente, el bolsillo del consumidor.

¿Más almacenamiento, más caro?
A pesar de este encarecimiento, las previsiones de TrendForce apuntan a un crecimiento del 4,8% en la capacidad de almacenamiento de los smartphones para 2026. Una aparente contradicción que, inicialmente, se pensaba que conduciría a una reducción de la memoria por dispositivo, con un enfoque en modelos de gama alta equipados con LPDDR5. Sin embargo, la realidad parece ser más compleja.
Lo que nadie cuenta es que, en lugar de recortar, los fabricantes podrían optar por eliminar los modelos de baja capacidad, como los de 64GB o 128GB. La escasez de chips NAND Flash de bajo almacenamiento, resultado de las actualizaciones en los procesos de fabricación, dificulta su adquisición, obligando a los OEMs a subir la barra de entrada.
La inteligencia artificial, por supuesto, es un factor determinante. Los sistemas de IA, especialmente en los modelos premium como el iPhone 17 (que ya ha elevado su almacenamiento base a 256GB) y la serie Huawei Mate 80 (con 512GB como estándar), demandan una cantidad considerable de memoria. Para Apple Intelligence, por ejemplo, se requieren hasta 40GB de almacenamiento del sistema para procesar tareas localmente, sin depender de la nube.
Pero la influencia de la IA no se limita a los dispositivos estrella. La creciente demanda de estos sistemas está impulsando la adopción de más memoria en modelos más asequibles, creando una presión adicional sobre la disponibilidad y los precios de los chips NAND Flash. La desaparición gradual de la configuración de 128GB como almacenamiento base podría ser una consecuencia directa de esta tendencia.
La cifra habla por sí sola: el aumento en el coste de la memoria, combinado con el incremento de la capacidad de almacenamiento, plantea una pregunta inevitable: ¿estaremos dispuestos a pagar más por nuestros smartphones? La respuesta, previsiblemente, es sí, aunque el ajuste será doloroso. Los fabricantes, ante la imposibilidad de frenar el avance tecnológico, trasladarán una parte de este coste al consumidor final.
