El email se autodestruye: solo el 13% es humano, revela hostinger
La bandeja de entrada está muriendo, pero no de la forma que imaginábamos. Un nuevo informe de Hostinger revela que el correo electrónico, esa herramienta que creíamos esencial para la comunicación empresarial, se ha transformado en un ecosistema dominado por la automatización. El dato más impactante: solo el 13% del tráfico de emails a nivel global es generado por personas.
Un río de bots: la mayoría de los emails son autogenerados
Según el análisis de Hostinger, basado en el procesamiento de mil millones de correos electrónicos durante un mes, más de la mitad de los mensajes (56%) son bloqueados antes de llegar a su destino, víctimas de filtros de seguridad cada vez más sofisticados. Esto deja al descubierto una realidad incómoda: el email se ha convertido en una infraestructura, un conducto para el envío masivo de mensajes, gran parte de ellos, creados por algoritmos.
Edgaras Lukosevicius, Engineering Manager de Hostinger, lo expresa con contundencia: “El correo electrónico se ha convertido silenciosamente en una infraestructura, con la mayor parte de su tráfico ya automatizado”. De ese 44% que logra sortear los filtros, la distribución es asombrosa: herramientas empresariales y SaaS lideran con un 22%, seguidos por los proveedores de email personal (20%), marketing y newsletters (16%), y redes sociales (15%). El resto se fragmenta entre comercio electrónico, servicios financieros, medios, empleo y viajes. Pero la clave está en el desglose de la intervención humana: solo los proveedores de correo personal y los emisores de bajo volumen implican una redacción y envío manual.

Phishing, malware y marketing agresivo: la trilogía del bloqueo
¿Por qué tantos emails terminan en la papelera? El motivo es preocupante. El 34% de los mensajes son rechazados por detectar actividades de phishing, malware o redes de bots. Un 22% sucumbe al marketing agresivo, ese torrente de promociones y notificaciones que saturan nuestras bandejas. Y, para rematar, el 11% se debe a problemas de configuración de dominios, una falla técnica que puede condenar un mensaje antes de que siquiera vea la luz.
El problema va más allá de la simple filtración. Las empresas se enfrentan a un canal saturado, con una entregabilidad cada vez más complicada y métricas engañosas. El engagement se desploma cuando el usuario percibe su email como un vertedero de notificaciones, y la mala reputación del remitente (responsable del 34% de los bloqueos) agrava aún más la situación. Los clics y la interacción con el mensaje pierden valor, ya no son un reflejo fiel de la conexión con el destinatario.
“Las empresas siguen optimizando métricas que ya no reflejan la realidad del canal. La cuestión no es si el usuario abre el email, sino si sigue queriendo recibirlo”, subraya Lukosevicius. La ironía es palpable: estamos invirtiendo recursos en una herramienta que se está escapando de nuestro control, diluyéndose en un mar de automatización y spam. El futuro del email, señoras y señores, es incierto. Y lo que es peor, nos lo estamos construyendo a nosotros mismos.