¿Estamos en la antesala de una burbuja de inteligencia artificial?
La pregunta que más se repite en los departamentos de análisis y mesas de inversión es si estamos en la antesala de una burbuja de inteligenciaartificial. Quienes vivieron el año 2000 pueden buscar paralelismos, pero la historia financiera rara vez se repite de forma literal. Lo útil no es preguntarse si esto se parece a una burbuja, sino saber dónde se está acumulando el riesgo y qué puede fallar primero.

¿Estamos en la antesala de una burbuja de inteligencia artificial?
El volumen de inversión en IA es extraordinario y sin precedentes. Goldman Sachs estima que el gasto en infraestructura de IA de los cinco grandes hiperescaladores estadounidenses crecerá más de la mitad el próximo año, hasta 1,2 billones de dólares. Para rentabilizar ese esfuerzo, necesitarían generar alrededor de 300.000 millones de dólares anuales en ingresos relacionados con la IA. Lo que inquieta no es solo el tamaño de la cifra, sino la distancia entre lo que se invierte y lo que se ingresa. Según Allianz, esa brecha ronda el 46%, frente al 32% observado durante el exceso inversor de las telecomunicaciones en 2001.
El segundo foco de alerta está en la financiación del crecimiento. Durante años, las grandes tecnológicas pagaron su expansión con la caja que generaban, y eso las blindaba. Hoy ese colchón se estrecha. El capex en IA ha pasado de absorber el 33% del flujo de caja operativo de los hiperescaladores en 2023 a un estimado 93% en 2026, tras haber consumido buena parte de su tesorería. Cuando una empresa empieza a necesitar deuda para sostener su ritmo inversor, se vuelve mucho más sensible a los tipos de interés, y eso cambia la naturaleza del riesgo.
A ello se suma una concentración bursátil que ningún gestor prudente puede ignorar. Las llamadas Siete Magníficas representan ya el 33,9% del S&P 500, y los diez grandes valores ligados a la IA suman un 41% del índice, un peso similar al que alcanzaron tecnología y telecomunicaciones en plena burbuja puntocom. Quien compra hoy el índice americano pensando que diversifica está, en buena medida, apostando por una sola temática.
Hay un rasgo que siempre me ha hecho levantar la ceja: la financiación circular, en la que los proveedores invierten en sus propios clientes para que estos les compren. La inversión de 100.000 millones de dólares anunciada por Nvidia en OpenAI es el ejemplo más visible. Estas operaciones no son ilegítimas, pero inflan la percepción de demanda y conectan entre sí los balances. Cuando todo va bien, se refuerzan unos a otros; cuando algo falla, se arrastran.
El contexto macroeconómico tampoco ayuda: el repunte de las rentabilidades de la deuda y un petróleo disparado reavivan el fantasma de una inflación persistente. Las valoraciones de crecimiento son las primeras que sufren cuando los tipos no bajan lo que el mercado esperaba. Con todo, sería un error equiparar sin más 2000 y 2026. La diferencia de fondo es que hoy hablamos de compañías con beneficios reales y muy abundantes. Los hiperescaladores siguen generando enormes cantidades de dinero, aunque no siempre de manera sostenible.