Ia en defensa: ¿aliada estratégica o amenaza latente?
La inteligencia artificial ya no es ciencia ficción en el campo militar. Empresas como Amper, con siete décadas de experiencia, están integrando la IA en sistemas de Defensa, Seguridad y Comunicaciones, pero ¿estamos ante una revolución tecnológica o ante una pendiente resbaladiza hacia la autonomía letal? La respuesta, según Juan Bosco Morales de los Ríos, director corporativo de Tecnología de Amper, es más matizada de lo que parece.
El auge del mercado de la ia en defensa
Las proyecciones del mercado son abrumadoras. Analistas estiman un crecimiento anual entre el 10% y el 30% en los próximos años. Sin embargo, Morales de los Ríos advierte: “No se trata de una panacea. La IA es un complemento, una mejora disruptiva, pero no va a sustituir por completo los algoritmos y programas existentes.” La clave, según él, reside en entender su potencial como herramienta de apoyo a la toma de decisiones, no como un reemplazo de la inteligencia humana.

Reconocimiento de imágenes y lenguaje: el punto fuerte
Si bien la IA puede aplicarse a diversos aspectos de la Defensa, destaca especialmente en el reconocimiento de lenguaje natural y, sobre todo, en el reconocimiento de imágenes. La guerra en Ucrania y los recientes acontecimientos en Irán han puesto de manifiesto el valor de esta capacidad, permitiendo una identificación de objetivos mucho más rápida que la que podría lograr un operador humano. Pero, como subraya el Coronel Gómez de Ágreda, “no me preocupa una IA más inteligente, sino un humano estúpido usándola.”
La IA puede sugerir un objetivo, pero la decisión final, la verificación y la validación, siempre deben recaer en personal militar capacitado. La probabilidad de error existe, aunque según Morales de los Ríos, “la probabilidad de error en una IA bien entrenada tampoco es tan alta”. La supervisión humana es, por tanto, el contrapeso necesario para evitar errores y garantizar la precisión en la selección de objetivos.

Más allá del reconocimiento: análisis de datos y ciberdefensa
La aplicación de la IA no se limita al reconocimiento de imágenes. Su capacidad para analizar grandes volúmenes de datos a una velocidad inalcanzable para un humano la convierte en una herramienta valiosa para el apoyo a la toma de decisiones, proponiendo soluciones y escenarios alternativos. También se está utilizando en ciberdefensa y ciberseguridad, así como en la optimización de la logística militar, desde el transporte hasta el mantenimiento predictivo. Incluso, en guerra electrónica, ayuda a proteger las comunicaciones militares y a interrumpir las del enemigo.

El debate sobre las armas autónomas letales
El tema más polémico es, sin duda, el de las armas autónomas letales, capaces de tomar decisiones de ataque sin intervención humana. Morales de los Ríos descarta este escenario, al menos a corto plazo: “No es capaz de pensar y actuar por sí misma. Es un programa controlado por un sistema operativo que hace exactamente lo que le decimos que haga.” La clave, según él, está en limitar el misticismo que rodea a la IA y comprender que, en última instancia, se trata de un programa informático.

España, a la zaga y la necesidad de regulación
España, al igual que el resto de Europa, se encuentra por detrás de Estados Unidos y China en términos de inversión en inteligencia artificial. Sin embargo, el aumento de los presupuestos de Defensa podría cambiar este panorama en el futuro. La falta de una regulación clara es otro desafío. Aunque en España se permite el uso de la IA en sistemas autónomos con funciones no letales, la crisis del derecho internacional y el incumplimiento de normativas internacionales, como se ha visto en Ucrania e Irán, generan preocupación. La IA no es peligrosa en sí misma, pero su uso irresponsable puede tener consecuencias graves.
En Amper, están trabajando en inteligencia artificial generativa para el apoyo a la toma de decisiones y en sistemas de comunicaciones que analizan la señal enemiga. El futuro de la IA en Defensa no está escrito, pero una cosa es segura: su impacto será profundo y transformador. La pregunta ya no es si la IA llegará a los campos de batalla, sino cómo la utilizaremos para evitar que se convierta en nuestra peor pesadilla.