Openai cierra sora: la ia de vídeo se ahoga en costes, no en talento

La abrupta cancelación de Sora, el ambicioso proyecto de OpenAI para la generación de vídeos con inteligencia artificial, ha sacudido la industria tecnológica. Pocos días después de anunciar la llegada de su versión móvil, la empresa fundada por Sam Altman ha decidido aparcar el desarrollo, una decisión que contrasta con las expectativas y la inversión multimillonaria destinada al proyecto, incluyendo un acuerdo con Disney.

El espejismo del millón de dólares diarios

Las teorías conspirativas sobre la necesidad de alimentar otros modelos de IA con los datos de Sora se han desvanecido rápidamente. La realidad, según The Wall Street Journal, es mucho más prosaica: Sora se convirtió en un agujero negro financiero. A pesar de haber atraído a un millón de usuarios tras su lanzamiento inicial, la cifra se estancó en menos de 500.000, una cifra mediocre para una compañía con la ambición de OpenAI. Lo que nadie cuenta es que generar vídeos con IA exige una infraestructura computacional descomunal. La estimación de un millón de dólares al día en costes operativos es, sencillamente, insostenible.

ChatGPT, la estrella indiscutible de OpenAI, acumula más de 900 millones de usuarios semanales, 50 millones de ellos de pago. La diferencia de adopción es abismal. La generación de texto, al menos por ahora, resulta mucho más eficiente en términos de recursos que la manipulación de píxeles para crear vídeos realistas. Es una cuestión de optimización y de la madurez de las tecnologías subyacentes.

Cambio de rumbo: el foco en el negocio y spud

Cambio de rumbo: el foco en el negocio y spud

La decisión no es aislada. OpenAI se encuentra en un momento crucial, buscando desesperadamente rentabilizar sus herramientas de IA, apostando fuerte por el mercado empresarial y los desarrolladores, para acosar a competidores como Anthropic. El cierre de Sora no implica una renuncia a la inteligencia artificial generativa, sino un reajuste estratégico. Los recursos liberados se destinarán a una nueva herramienta, denominada internamente como Spud, enfocada en usuarios profesionales. Podría tratarse, como se rumorea, de la superaplicación que integrará todas las capacidades de IA de OpenAI, un movimiento que podría ser clave de cara a la esperada salida a bolsa.

Además de este cambio de enfoque, OpenAI sigue explorando el terreno de la robótica, con su enigmático primer dispositivo, diseñado por el legendario Jony Ive, el arquitecto del iPhone. La apuesta es clara: consolidar su posición como líder en el campo de la inteligencia artificial, incluso si eso implica sacrificar proyectos prometedores como Sora. La Tecnología evoluciona a un ritmo vertiginoso, y la capacidad de adaptarse es la clave de la supervivencia.