Vapeadores desechados dan vida a un coche eléctrico: ¿una solución al desperdicio?
Chris Doel, creador de contenido, ha logrado lo parecía imposible: alimentar un coche eléctrico con cientos de baterías de vapeadores desechables. El experimento, que demuestra el potencial de la reutilización de residuos electrónicos, ha sorprendido a expertos y ha reavivado el debate sobre el impacto ambiental de los dispositivos de un solo uso.
Un experimento audaz: del cigarrillo electrónico al motor
El objetivo de Doel era simple: comprobar si las baterías de iones de litio de los cigarrillos electrónicos desechados aún conservaban suficiente energía para ser aprovechadas. Para ello, desmontó alrededor de 500 dispositivos, extrayendo las baterías y convirtiéndolas en un único paquete de energía capaz de mover un vehículo eléctrico.
El proceso, que llevó semanas, implicó la extracción manual de las baterías, la verificación individual de su voltaje y la integración de las celdas en módulos impresos en 3D. Un sistema de gestión de baterías (BMS) y fusibles garantizaron la seguridad del sistema.

Un g-wiz como campo de pruebas
El coche elegido para la prueba fue un G-Wiz, un pequeño vehículo eléctrico británico que originalmente utilizaba baterías de plomo-ácido. Su arquitectura eléctrica de 48 voltios lo convirtió en un candidato ideal para el experimento.
El resultado no fue comparable a un vehículo moderno, pero el G-Wiz logró circular con el paquete de baterías de vapeadores. Lo más llamativo fue la capacidad de recargar el sistema mediante un puerto USB-C de alta potencia, similar a los utilizados en portátiles.
El experimento no busca reemplazar las baterías convencionales de los coches eléctricos. Pretende evidenciar la enorme cantidad de energía que se desperdicia en dispositivos de un solo uso. Cada cigarrillo electrónico desechado contiene una batería de litio que, en muchos casos, aún puede tener una segunda vida.
La cifra habla por sí sola: se estima que millones de cigarrillos electrónicos terminan en vertederos cada año, acumulando una cantidad significativa de residuos electrónicos potencialmente reciclables.
Este proyecto pone de manifiesto una oportunidad latente: transformar el desecho en recurso. Más allá de la curiosidad, el experimento de Chris Doel abre una ventana a un futuro donde la circularidad y la reutilización sean pilares fundamentales en la gestión de los residuos electrónicos.
La autonomía, un problema persistente en la adopción masiva de los vehículos eléctricos, podría encontrar una solución inesperada en la reutilización de baterías descartadas.
El futuro de la movilidad sostenible quizás no esté solo en el desarrollo de nuevas baterías, sino en la capacidad de reimaginar las que ya existen.
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